viernes, 20 de mayo de 2011

La Tahona del Chef

Le tengo un cariño especial a La Tahona del Chef.
Un local bien decorado, sencillo, no demasiado grande, con espacio para unas 40 personas, bien atendido y servido. Desde hace años venimos con una cierta regularidad ya que nos queda a salto de mata cuando no nos apetece conducir o sencillamente para comer de una forma decente y bonita, rápido y sin que te afecte demasiado en la integridad del bolsillo.

La carta

El sabado 14 se dio la circunstancia de la desgana de volante para recordar viejos tiempos.

                                     Un aperitivo, sencillo y sabroso   
 El pan, siempre recién hecho y a tu gusto

Eramos cuatro comensales, dos optaron por el menu del Chef que estaba conformado por una ensalada, que al parecer se desviaba bastante de lo dicho en la carta, una carne con mucha salsa, para mi punto de vista demasiada, y un postre a base de mousse de yogurth y frutos rojos, exquisito al decir de los que se decantaron  por esta opción. 
El resto nos fuimos tambien por ensaladas, tibia de langostinos en un caso y del día la otra.

 Las ensaladas, de langostinos y la del día

En los segundos haciendo compañia a la carne de los menus habia un solomillo decente, sin mas, y un bacalao muy bien desarrollado.
 El solomillo, decente 

La carne del menú del chef

El bacalao, exquisito, pero yo a este esparrago ya lo conozco, 
ya me acordaré donde lo vi antes. Quizás un poquito más arriba?

El único postre que acompaño a los del menú fue una tarta semifria de nata, trufa y yema tostada que desmereció del conjunto, quizás en un banquete de una boda daria el pego pero no aquí. Creo que el listón lo hemos bajado bastante, en este aspecto cuando menos.
 La tarta semi fría, sencillamente, no procedía

El postre del menú, delicioso

La fiesta con las consabidas cervezas gallegas rondó los 38 euros por comensal. Con estos importes hemos toreado en mejores plazas. Puede ser que me haya apresurado a escribir en el inicio lo de la integridad del bolsillo, pero por no volver atrás y borrar lo que ya esta dicho, vamos a perdonárselo por esta vez, y sin que sirva de precedente, que enseguida nos anclamos en las malas posturas y eso es muy malo, al menos en tiempos de crisis.
La cuestión es que, desde los tiempos de la Volvo Ocean Race que tuvo su inicio en Vigo, allá por el año 2005 al ambiente de La tahona del chef (localización) se le van pegando los velos del paso del tiempo, de la quietud en un momento en el que es imprescindible moverse para permanecer lo mas centrado en la foto de la actualidad, en definitiva para poder estar en el mundo gastronómico de cualquier ciudad hay que innovar, traer nuevas propuestas, sorprender, abrir nuevos caminos, pero siempre manteniendo una linea de calidad y saber hacer estable y sin altibajos, por mucho que cambies al personal o al mismísimo jefe de sala (que no es el caso) y esperamos que no lo sea en muchos años por su profesionalidad.
El publico sigue acudiendo y leyendo la carta en la puerta del restaurante

Entendemos, desde RdC y siempre de forma personal, que La Tahona del Chef es un ejercicio de estilo de una empresa especializada en comidas preparadas, puestas en escena de catering para eventos como bodas y demás actividades paralelas. La casa matriz tiene un producto decente, bien presentado y una atención notable. Quizás deberían marcarse una meta como la de Ferrari en el grupo Fiat, la de Lamborghini en el imperio Audi o la de AMG en el universo Mercedes Benz si habláramos de coches, es decir, tener un buque insignia que haga honor al nombre de una empresa dedicada al mundo de la manduca, eso no solo no sería malo, sino mas bien, creemos que seria la guinda de un pastel bien posicionado, al menos en el mercado local de Vigo y la cuestión es que la guinda la tienen, se llama La Tahona del Chef  y tan solo hay que cuidarla para que no se marchite y tenga un aspecto lozano y lustroso y no de pasada de fecha. No queremos para nuestro cercano restaurante de referencia en la zona de la Plaza de al Independencia, en Vigo una guinda ajada.
Se merecen que la guinda brille, y nosotros, por supuesto, también.
A disfrutar.

domingo, 1 de mayo de 2011

Detapaencepa

 Hoy, vamos a sentarnos en uno de los restaurantes de referencia en Vigo, quizás no tanto por el nombre, pero si por el producto, por la calidad, la cocina y en definitiva el conjunto de caracteristicas que hacen de este templo del sabor un lugar de peregrinación. La verdad es que tambien hay que tirarles de alguna oreja, pero no se la pondremos demasiado colorada. Tan solo se la alargaremos un poquito. Sin mucho dolor, no somos unos sádicos, ni por asomo.





 El local situado en la calle Ecuador número 18 en Vigo www.detapaencepa.com, lleva unos años en la misma linea. Ya lo conocimos en la primera etapa, pero actualmente hay alguna pega que señalar en el tema de la jefatura de sala y la debida atención a los comensales. Sobre todo si, como en esta ocasión, el comedor no estaba lleno, ni mucho menos. Quizás falte un poco de rodaje. Vamos a probarlo próximamente y actualizaremos esta entrada, incluso ,trataremos que sea, con comentarios de la máxima autoridad de la sala.
 La carta, vieja conocida, nos presentaba ademas unos croques, almejas y mero, pero ninguno de los comensales opto por salirse del camino marcado. Yo tomé, de entrada, una manzanilla, fue un visto y no visto, ya que el camarero debió enseñar la etiqueta. Estaba buena, pero debió enseñarla.

  Previamente a la selección de menús, teniendo claro el tema de las bebidas y sabiendo que nadie se decantaba por el vino de la buena bodega que, al decir de los entendidos, atesora el restaurante, le solicité a la jefa de sala que me recordara las cervezas que tenia y entre las habituales y necesarias salió a relucir una llamada Saramagal. La muchacha no estaba demasiado puesta porque a la pregunta de donde era nos respondio que orensana, pero, en la etiqueta, nos habla de Barro en la provincia de Pontevedra. Está muy claro que por esto no le vamos a tirar a nadie de una oreja, pero, tacita a tacita ......, Volviendo a la cuestión, la cerveza Saramagal ha sido una sorpresa y una sorpresa muy agradable.
Tal y como podéis leer en alguna de las fotos, nos recuerdan que es un producto artesanal y, como tal, es normal que en el fondo del envase nos encontremos con poso, cual vestigio de un rioja de renombre, donde los habituales no le hacen ascos o, mejor aún, como en una buena botella de aguardiente del país, donde en el rosario suelen navegar, cuando menos, los restos del tapón, o de lo que se tercie.


 De una graduación no excesiva, 5,5%, color oscuro mas intenso que una tostada y menos que una negra, alguno de los comensales la asoció a un ligero sabor a café. Sea cual fuere, el sabor era esplendido, una pena la falta de saber servirla en su punto de batido, espuma, frío y demás condicionantes que requiere el rito de la cerveza. De todas formas el resultado es excepcional, tanto que, hacia el final de la cena, las reservas de Saramagal en la nevera estaban agotadas y tuvimos que compartir una entre dos asentados para poder acabar con el final de la manduca. Desde un estomago cervecero y renegado de los vinos durante las comidas, le decimos a quien esté detrás de Saramagal, gracias y que la aventura pueda llegar a buen puerto.

Cambiemos de tercio afirmando que nadie se fue por el mundo de los vinos y pronto llegó el pan, del de verdad, como en pocos sitios lo ponen. El problema de esto es que si tardan un poquito en servir y la mano se te va al platillo, estás absolutamente perdido. Lo mejor que podrías hacer seria irte a casa, pero dejando el coche donde esté. Vete andando porque lo que vas a comer de este pan delicioso, fresco y crujiente en la corteza y jugoso en la miga de pueblo. te dejará KO para el resto de la velada. Avisado estás. No piques; después si pecas es cosa tuya. Yo no voy a ir al infierno que peco poco.
Entremos en faena: De entrada nos pusieron unos aperitivos de langostinos rebozados, ricos ricos. Todo un detalle. Los primeros fueron, para 4 comensales, dos ensaladas, una de bacalao crudo desmigado, sublime, eso si, el bacalao tiene que gustarte y la otra de zamburiñas, riquísima. Una tabla de paleta de bellota completaba el cartel de primeros. Compartimos y fue suficiente.


Los segundos divididos, chipirones encebollados, rape con cachelos y por el lado de la carne, un lomo de vaca gallega, no se porque en un plato de barro, donde el sonido del cuchillo es notorio y un cochinillo bien resuelto, sin llegar a los niveles de Castilla, como suele ser habitual en estos lares, donde este no es el producto que mas salga de los fogones. Todo bien, en su punto y correcto en su presentación.








 En el capitulo de los postres nada especialmente destacable, quizás los quesos con dulces gallegos como algo mas nuestro, al que yo le añadiría, como mínimo unos mirabeles y unas castañas, después las tartas a base de chocolate y un helado de yogurth con mango, decente, sin más.


 Como remate los consabidos cafés una copa de una variante de Pedro Ximenez y otra de un vino malagueño, acompañado por el, ya típico en la casa, plato con dulces variados, gominolas, conguitos, almendrados, etc. muy ricos y, como detalle, soberbio.
El resultado salió por 40 euros por cabeza. Un precio muy decente para el producto servido. La pena es que nos habria costado lo mismo hace unos meses y funcionaban mejor.
En resumen, que siempre está bien resumir, se nota la falta del Hombre de Matamá, alma mater hasta ahora del negocio. Esperemos que vuelva, o de lo contrario, que les señale bien el camino a los suplentes. Por su bien se lo decimos, pero tal y como señalamos al principio, volveremos a vigilar.



Na morada das parras


Aclaremos para los ajenos al idioma de Rosalía; na morada das parras se traduce al español por: En la casa de las viñas, lo cual, seguramente, nos querrá introducir en el terreno de los caldos autóctonos, pero la falta, por mi parte, de un mínimo de cultura etnologa, nos lleva a soslayar este tema y dejar en manos de expertos que los hay, muchos y muy buenos, ese apartado de la buena mesa, decantándonos en nuestro espacio por la fortaleza del tenedor y la cuchara ante la fragilidad del cristal.
Puesto sobre la mesa el concepto, avancemos en el descubrimiento de un espacio reciente, cuidado y escondido en el fondo del valle del Miñor. Un lugar donde tomar un café, rodeado de bambús gozando del clima de la zona, o sentarnos ante la contundencia de un buen plato en las distintas salas que posee el local.
El personal, joven, atento e inexperto, cumple de forma sobresaliente la falta de tablas con las ganas y la buena cara ante todos los avatares de la velada.
La carta, decente, no es una pecadora, para ello le falta la fortaleza de los grandes platos. 
Aquí vienes mas bien a tapear, a compartir, a tratar de pasar un buen rato delante de un plato bien                         presentado y mejor resuelto. La cecina resulto sobresaliente con un acompañamiento de aceite de calidad. Incluso la botella del zumo olivar es curiosa y muy limpia.


 Las ensaladas de bacalao y otra de langostinos, ricas ¿se puede decir algo mejor de un plato?
 Los revueltos bonitos y distintos, bien puestos.
Unas brochetas, pequeñas desde el punto de vista de un plato, pero no de una tapa, sencillas.
Unas patatas rellenas de carne muy bien resueltas y presentadas.
Quizás el plato estrella de nuestra mesa fue una especie de hamburguesa con la salvedad de estar hecha en una bolla de pan de pueblo, del de verdad, y en el interior, después de vaciar parte de la miga, un relleno de chorizo, huevos y patatas cuadradas, todo frito y en su punto lógico. Una sorpresa en la que todos los contribuyentes de la mesa, mojamos y nos relamimos sin pudor, a fondo, hasta que no dejamos ni la mas pequeña miga que le pudiera servir a Pulgarcito para guiarse a través del bosque. Mejor, que podría pretender compartir mesa y mantel.

  


 Este es el bocadillo de que hablamos en el texto
 
 
 Los postres decentes, sin mas









Las San Amaro son previas, en una cervecería de Cabral (Vigo). Tenemos que tomar carrerilla pero cuando tengamos velocidad de crucero abordaremos el mundo de la cerveza, desde una óptica de critica constructiva. En este aspecto, en la mesa no hubo mas que una copa de vino blanco y las cervezas habituales. Los cafés en su sitio y el acompañamiento de los aguardientes típicos del fin de fiesta que salió por unos 20 euros por cabeza. Volveremos con mas críticos. Tiembla, casa de los vinos.