domingo, 26 de junio de 2011

Orfeu

Bueno, pues esta vez nos vamos de viaje, y ya que estamos en ello, pues al extranjero, ¡viva la crisis!
Si ahora hablamos de un viaje a las cercanias de Porto ya lo vemos de otra forma, y si ademas pensamos en los precios portugueses, su amabilidad, su buen hacer en los fogones, entonces está todo listo para disfrutar de una velada deliciosa a la sombra de una parra ayudada por unos toldos en la terraza del restaurante Orfeu en el edificio del Orfeón de la ciudad de Santa María de Feira, pocos kilometros al sur de Porto, casí a la sombra de un bonito castillo restaurado y visitable por 3,00 euros, que domina desde una colina proxima todo el pueblo y su entorno.
Es en la sombra de este castillo donde se desarrolla todos los años, en el comienzo del mes de agosto un evento conocido como Viaje Medieval que este año se celebra del 28 de julio al 7 de agosto y está dedicado  cada año a a un personaje medieval, en 2011 a D. Alfonso Henriques, uno de los principales reyes de Portugal. Un millar de personas entre bailarines, actores, musicos, jinetes, comerciantes, vigilancia y demas se volcarán para conseguir hacer de nuestra estancia en la zona un sueño medieval.
Retornando a lo nuestro en los tiempos actuales, nos centramos en la propuesta culinaria que nos hizo Jorge Batista, en donde, destacando la amabilidad caracteristica del pais, nos guió por la carta del restaurante del Orfeón de Feira.




















De entrada nos presentaron unos pequeños cuencos con una mantequilla casera aderezada con ajo y perejil para acompañar con unas tostas de pan y, posteriormente, desleír en la sopa de legumbres, sabrosísima, que nos sorprendió a continuación

La mantequilla, lista para pecar
Consumando el pecado

Sopa de legumbres, acertada recomendación de Jorge

 Un pulpo preparado al horno, delicioso de sabor, distinto a lo habitual en Galicia, acompañado con unos patatas cocinadas con su piel. Un buen plato probado gracias a la recomendación del jefe de sala.
 El arroz de pato que sirvio de segundo plato para el otro comensal resulto una elaboración perfecta del arroz, como suele ser norma habitual en el país, acompañado con el pato desgajado que servido en un maridaje perfecto, tenia una presentación un tanto triste con unas laminas de un pobre embutido a modo de adorno superfluo.
Arroz de pato
 En el postre la asesoria nos recomendó una "fogaca con compota e queijo", esto es un pan dulce creación de la zona, con una gran repercusión culinaria, de tal modo, que todos los 20 de enero se celebra una fiesta gastronomica en la que el invitado de honor es este curioso pan dulce de cuya fiesta ya cumplió en 2005 los cinco siglos de existencia cuando menos anecdótica como paso a relataros, dejando un poco de lado la mermelada y el queso que le hacían los honores en el plato.
Cuenta la historia que asolaba la región una peste muy dañina y para calmar a los malos espiritus o tal vez para contentar a los buenos, esto no lo podemos saber, se decidió ofrendar este pan dulce, con la forma de las cuatro torres en las esquinas, copiando el esquema bien visible en el castillo, para poder vencer a la terrible enfermedad que diezmaba la población del entorno. A consecuencia de tal ofrecimiento, o quizás como consecuencia de una mejor sanidad, alimentación o vaya usted a saber si habia en la región algún mago sanador realmente efectivo, resultó que la peste desaparecio y como consecuencia de ello los Condes de Feira donaron 30.000 reales para que la fiesta se celebrara todos los años. Actualmente la organiza el ayuntamiento de la localidad con gran repercusión.
Pan dulce con las cuatro torres
Es habitual que el pan se rompa con las manos para quedarse con, al menos, una almena del figurado castillo, riquísimo, todo hay que decirlo.
Yo, al menos, ya he creado un evento en mi calendario electrónico para presentarme en el pueblo el próximo 20 de enero de 2012. Si los hados me lo permiten, aquí estaremos.
Ahora os dejo con un trailer de la fiesta medieval prevista para este año para que hagáis un pequeño esfuerzo  y os presentéis en este bonito pueblo acastillado. No os olvidéis de llamar a Jorge Batista para aseguraros una mesa a la sombra de las parras. La experiencia promete ser gratificante y el precio por persona nunca sobrepasará los 25 euros, lo que incluye, incluso, la amabilidad de todo el personal del restaurante.


miércoles, 22 de junio de 2011

O Croque

Hoy nos ponemos serios y hablamos de Comer con Mayúsculas. Siempre tiene que haber algo que reduzca el tamaño de los textos, pero el resultado sigue siendo espectacular, se mire con el ojo que se quiera ver.
Hablamos de un restaurante básico en el organigrama de Vigo. Tan solo la gestión del espacio resulta deprimente para el visitante.
Un comedor instalado en el Museo do Mar de Vigo, teléfono 986247693, ubicado en las instalaciones del antiguo matadero municipal de Vigo, en Avenida Atlántida, 160.
El recinto, al que se accede por una terraza en el lateral izquierdo de la segunda nave del Museo do Mar, está escondido. Realmente hay que ir a buscarlo para encontrarlo, y en la búsqueda nos dimos un encontronazo con una terraza y salas vacías un martes a la hora sacrosanta de la comida, cuando, en un día no demasiado abierto al mar  pero en el que se disfrutaba una temperatura perfecta para comer en el solado habilitado el pasado año, tendríamos que estar pensando ¿quien se marchará? por no tener un sitio en uno de los ventanales que dan sobre la playa do Cocho y en cambio todo el local estaba a nuestra disposición.
Al final como no hay mal que por bien no venga esto nos lleva a pensar en anteriores comidas en este mismo restaurante donde alguno de los comensales con obligaciones vespertinas tuvo que abandonarnos antes de la llegada del primer plato por la parsimonia del conjunto de los servidores de O Croque, al menos en aquel, y algún otro, para nuestra desgracia, día, algo que para nada tuvimos que sufrir hoy. También es cierto que si hubiera ocurrido tal suceso, el tema seria para trasladarlo ante los funcionarios de Justicia.
Bien entremos en faena y para ello avisemos que los tres comensales, casualidades de la vida, tampoco esta vez pedimos vino. Como la bodega de San Amaro existente en anteriores ocasiones había desaparecido, nos tuvimos que decidir por San Miguel Selecta y pocas mas variantes nos fueron ofrecidas.
Nos pusieron un aperitivo con unas pequeñas tostas de pan casero con un paté de sardina con un sabor a mar demasiado acusado.

Para adornar el centro de la mesa y tratar de comenzar con buen pie, pedimos una empanada de merluza con grelos y piñones que estaba muy apetecible de sabor pero un poquito aceitosa la masa de la tapa inferior y unos mejillones en escabeche que eran una autentica delicia. Los croques (berberechos), plato estrella del restaurante, no están en época y habrá que volver en octubre para poder chuparnos los dedos.
La empanada muy bien elaborada, pena de ese aceite de mas

Hai que mexilons¡¡¡¡¡¡¡

Faltaba el sargo de la carta por lo que nos decantamos por un peixe sapo (rape) con un arroz con cogumelos un poco insípido y pescada (merluza) a la gallega. En ambos casos y como la cruz no elimina las alabanzas, un producto espectacular, bien presentado y mejor servido.
La merluza, de verdad


El rape tiene sus seguidores, entre los que no soy el mas acerrimo

En los postres hubo de todo, un chocolatero se fue por los caminos trillados, el otro comensal caminó con la tarta de queso al lado y una copita de un vino espirituoso y el tercero optó por una copa de champán con fresas acompañado de un Ochoa blanco lo que suponía una nueva forma de ofertar el maridaje entre los postres y los acompañamientos que les casan.
Una sana forma de no pensar y dejarse aconsejar. El resultado de notable alto en la sobremesa.
                                                                     






Lo mismo podemos decir del resto de la cocina y del servicio, si nos relajamos con la falta de llamada del arroz del rape, en su punto por otra parte. Tan solo la falta de preocupación por hacerse notar en el ambiente gastronómico de la ciudad nos hace preocuparnos a nosotros por el futuro de un restaurante con tan buenos mimbres para hacer una nasa perfecta.
Tengamos en cuenta que estamos en el Museo do Mar, en Vigo.
El toque de atención final es para la falta de una cerveza de un nivel aceptable, pues de la bodega vinícola no hablaremos hasta que estemos acompañados por quien domina, y mucho, el mundo de las vides que después los lectores se nos enfadan y eso es lo único que no queremos, que para eso estamos sentados ante un buen plato de comida aunque hoy habría que decir, mas bien, de vigilia, así también contentamos a los mas religiosos, pues hacer vigilia sin ser viernes tiene que llevarnos, casi, casi, al mismísimo cielo, aunque la gula también esté por medio. Nosotros de eso como ya avisamos al principio nada de nada, a pesar incluso, de que entre los comensales había alguien de la zona de Riveira con un diente acostumbrado a los sabores del terruño y, esta claro, eso incluye, las sopas de cabalo cansado y algunas delicatesen mas de aquellos tiempos que para nuestra desgracia, seguramente, ya no volverán.
La fiesta salio por unos 40 euros por dentadura.

lunes, 20 de junio de 2011

Rojo

Ya ven, estamos a día 20 de junio y yo poniendo en marcha un post del día 20 de mayo que hace referencia a una comida del día 17 del mismo mes. Perdón por el retraso, pero las vacaciones es lo que tienen, nos absorven el tiempo y el cerebro de tal manera que hasta nos olvidamos de ustedes. Perdón, perdón y mas perdón, es lo único que se nos ocurre, pero como ya no tiene remedio, vamos allá, que cuanto mas tardemos mas se nos enfadaran y después nos sienta mal la comida.
Hoy, aunque lo parezca, no hablamos de colores, hablamos de un apellido con renombre en el coto gastronómico de la ciudad de Vigo, hablamos del restaurante Rojo, en los alrededores de la Gran Vía, ya en la cercanía de la Plaza de América, próximo a la iglesia de santo Tomé de Freixeiro, se halla un local con comedores con una capacidad para unos 50 comensales además de la terraza trasera, tranquila y bien cubierta por las parras que comienzan a asomar los amagos de uvas en sus ramas bien alambradas para conseguir una solución de sol y sombra reforzada por las consabidas sombrillas, que ya se sabe, en el sur el sol aprieta y mucho.


A pesar de que la hora de comer las personas decentes ya había pasado, nos atendieron igualmente, un personal joven, amable y con ganas, tan solo destacan las canas del propietario tras los fogones.


El comienzo nos trajo unos calamares esplendidos, un pulpo a feira con patatas, ¡Jesús! que manía de rellenar el plato para que parezca mas de lo que es. En fin, estaba bueno el pulpo y estaba muy buena la patata. Los pimientos de padrón, o como se diga ahora, llegaron para convencer, acompañados por la ensalada, de la de verdad.

Para entrar en materia ya de forma mas contundente los seis tragadores nos decantamos por lo siguiente: hubo lenguado, también rape, incluso rodaballo, dos de sargo a la cazuela, maravilloso, doy fe, y la nota discordante la dio el del cordero guisado, eso si, con un aspecto inmejorable y según noticias recibidas un sabor en consonancia con el aspecto. Se salvó porque estaba en Rojo. El chiste no es bueno, pero al menos lo intentamos.

El carnicero se decantó por este precioso plato


 
El sargo fue de lo mejor de la comida, aparte la compañía, claro


Hubo los ya habituales refrescos, aguas, cervezas, unos postres decentes y hasta aquí puedo leerles. El resto queda a su imaginación, o mejor, vengan a comprobarlo personalmente, saldrán satisfechos.
Natural, casero y rico

El arroz con leche tiene admiradores recalcitrantes

La fiesta final se soluciono con, escasamente, 30 euros por cada una de las seis cabezas (y cuerpo).
Que lo disfruten con parsimonia.
Por cierto, existe delante de la puerta del local un aparcamiento propio del restaurante, que se agradece sobremanera, aunque este se halle en un tranquilo callejón.